La herida más bella que tengo eres tú,
que diosas griegas, que nada para pedir.
Que tus fracasos y ni una pizca de amor.
Que ni paciencia quedó para ti.
Desempolvando tus frases de ayer.
Deshojando margaritas en tu honor.
Contemplando el mismo atardecer
que dio a la noche en que nuestra inocencia murió.
Volveré,
por cada lluvia de abril,
por cada cigarrillo que
se consume en la acera de nuestro adiós.
Volveré,
por cada puente para construir
a cada sordera que
no quiso escuchar
cuáles eran los planos de un mundo mejor.

En cada recuerdo sonriente estás tú.
En cada e-mail que no respondí.
En trazos aritméticos del corazón
dibujado en nuestro muro de Berlín.
Que carezco de ganas de pensar
en si existía una solución,
que hoy prefiero quedarme a jugar
con los momentos felices de mi imaginación.
Volveré,
por cada lluvia de abril,
por cada cigarrillo que
se consume en la acera de nuestro adiós.
Volveré,
por cada puente para construir
a cada sordera que
no quiso escuchar
cuáles eran los planos de un mundo mejor.
Que ahora busco trocitos de voluntad,
recopilados por mi ganas de vivir.
Haciendo del trabajo un nuevo secundario
con nuevos amigos que no saben de ti.
Aún así, yo volveré
por nuestra capacitación,
por cada foto en mi balcón
mientras vimos llover.
Por todo esto, yo volveré
por las memorias de mi habitación,
por los descuentos en el placer
y viejas sonrisas que el Sol
al marcharse en lágrimas convirtió.
Y cuando quieras, sabes que volveré
para admitir que más allá
de todo el dolor que aún hay
al final siempre serás
de todas mis heridas, la mejor.
que diosas griegas, que nada para pedir.
Que tus fracasos y ni una pizca de amor.
Que ni paciencia quedó para ti.
Desempolvando tus frases de ayer.
Deshojando margaritas en tu honor.
Contemplando el mismo atardecer
que dio a la noche en que nuestra inocencia murió.
Volveré,
por cada lluvia de abril,
por cada cigarrillo que
se consume en la acera de nuestro adiós.
Volveré,
por cada puente para construir
a cada sordera que
no quiso escuchar
cuáles eran los planos de un mundo mejor.

En cada recuerdo sonriente estás tú.
En cada e-mail que no respondí.
En trazos aritméticos del corazón
dibujado en nuestro muro de Berlín.
Que carezco de ganas de pensar
en si existía una solución,
que hoy prefiero quedarme a jugar
con los momentos felices de mi imaginación.
Volveré,
por cada lluvia de abril,
por cada cigarrillo que
se consume en la acera de nuestro adiós.
Volveré,
por cada puente para construir
a cada sordera que
no quiso escuchar
cuáles eran los planos de un mundo mejor.
Que ahora busco trocitos de voluntad,
recopilados por mi ganas de vivir.
Haciendo del trabajo un nuevo secundario
con nuevos amigos que no saben de ti.
Aún así, yo volveré
por nuestra capacitación,
por cada foto en mi balcón
mientras vimos llover.
Por todo esto, yo volveré
por las memorias de mi habitación,
por los descuentos en el placer
y viejas sonrisas que el Sol
al marcharse en lágrimas convirtió.
Y cuando quieras, sabes que volveré
para admitir que más allá
de todo el dolor que aún hay
al final siempre serás
de todas mis heridas, la mejor.
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