Publicado por
Mauro Citrov
viernes, 13 de noviembre de 2009
en
11:51
Ahora que estás lejos y por si me extrañas
te dejo un par de pistas para encontrarme.
Saber si estoy herido, realmente no hace falta.
Con sobrevivir, ya tengo bastante.
Te dejo en un recuerdo por si me extrañas,
a mis charlas graciosas al dar las diez,
a mi forma inevitable de malhumorarte
cuando peligraba mi fe.
Búscame en la canción de los sueños rotos
que poseen una estrofa que aún te cela.
Búscame en películas sin esperanzas
que llevan consigo una moraleja.
Búscame en la balada que dejé en tu iPod,
que dice dos palabras que no entran en tu entorno.
Búscame en mi celular que está esperando
que en el identificador salga tu apodo.
Búscame en lo fácil que pudo haber sido
cuando decidiste hacerlo complicado.
Búscame cuando creí tener las respuestas
y entonces las preguntas fueron mutando.
Búscame en el tren de los milagros,
que quiero hurtar uno en algún momento.
Búscame cuando ya no esperaba nada
y terminé obteniendo menos.

Si aún tienes angustia, por si me extrañas,
yo sigo siendo el mismo que fui ayer.
Aunque todo cambie, aunque duela la distancia,
hay varias forma de volverme a ver.
Como aún pienso en ti y por si me extrañas
al ver el vacío que dejé al marcharme,
al querer abrazarme y chocar con tu almohada,
te dejo un par de pistas para encontrarme.
Búscame en las llaves que tiene el destino
para abrir la puerta donde maduramos.
Búscame cuando me dio la mano el olvido
y cuando me dieron la espalda tus labios.
Búscame en el rencor por quererte tanto
en contra de la voluntad de mil consejos.
Búscame en la costumbre de pasar un mal rato
y en ese miedo de comenzar de nuevo.
Búscame en el hombre que nunca se cansa
de esperar que la mala suerte pierda una partida.
Búscame en el día más frío del calendario
que oculta una fogata que aún está encendida.
Búscame en el minuto que el tiempo ha parado
cuando me di cuenta que no tiene sentido.
Búscame para convencerme que me he equivocado
porque quieres morirte al lado mío.
Publicado por
Mauro Citrov
en
11:50
Nunca lo vi o no supe ver
cuál realmente era mi papel.
Nunca quise creer lo que hacías en realidad.
Y si pudiera regresar
unos meses el tiempo atrás.
Evitarme el mensaje donde trazabas tu plan.
Nunca supe si te quería
pero sé que sí quería
esa forma que tenías de quererme.
Y pobre del nuevo idiota
que le tocará ahora
hacerte sentir especial.
Si usarás los mismos trucos,
mismas frases entusiastas
creyendo fabricar sentimientos.
Y maldiciendo el momento
en que decidí perder mi tiempo
en un estereotipo como tú.
Te puedes ir a llorar por ahí.
Es mi culpa por tratar
que un pueblo sea una ciudad,
dependiendo de ti para ser feliz.
Te puedes ir a generar odio por ahí.
Que es mi culpa por intentar
hacer de un charco un mar,
Hoy, por mí, te puedes morir.

Me quedé a secuestrar un tren
donde no me querías de rehén.
Me quedé en una estación donde no ibas a bajar.
Fui un extra que nunca fue
el protagónico que creí ser.
Ni tuviste la descencia de avisarme que estaba de más.
Si hoy sientes que te ignoro
es porque después de darte todo,
por chistoso, me quedé sin nada.
Y por iluso fui un estúpido
que antepuso sus emociones
al convencerse por palabras.
Y tengo un millón de miradas
que a mí no me dicen nada
pero de ellas hablan las canciones.
Esas que antes me cantabas
hoy son como pequeñas dagas
que se desangran mi ilusión.
Te puedes ir a llorar por ahí.
Es mi culpa si se intentó
hacer un mundo de tu amor,
dependiendo de ti para ser feliz.
Te puedes ir a generar odio por ahí.
Que es mi culpa porque traté
hacer una estatua de tu piel.
Hoy, por mí, te puedes morir.
Si algún día vuelvo a encontrarte
no esperes que haga un arte.
Esos mágicos momentos se fueron.
Y aún no puedo creerlo,
que se me está escapando el tiempo
todavía intentando olvidarte.
Resulta un poco incluso
cuál fue el plan de tu juego
si creí que era todo tan perfecto.
Pero a veces así es la cosa
con su efecto mariposa
que termina en un desastre.
Te puedes ir a llorar por ahí.
Que ya no queda más
en mi alma para entregar.
Hoy sé que no me vas a necesitar.
Te puedes ir a generar odio por ahí.
Sé que esto no te va a causar
ningún motivo para llorar,
si alguien ya ocupa mi lugar.
Publicado por
Mauro Citrov
en
11:46
Hay veces que busco tu sonrisa
entre miradas que no entienden.
A veces se complica
encontrar cómplices para la vida
que compran el silencio,
que se queden en el tren.
Me encontré cerca, una noche.
Invisible, el día después.
Me quedé entre juegos de mesas,
entre los cortos de Lùmiére.
Asocié espejimos con fantasías,
frases de La 5ta Estación.
Casé a Amaia con Sabina
entre Un Vestido y un Amor.
Y entusiasmado te esperé
con los recuerdos de un ayer,
con las promesas sin cumplir
de un sueño que no fue.
Hoy, a la distancia,
asumo la culpa de no creer en mí,
de vincularme con la soledad,
de alejarme para no sentir.
Hoy, a la distancia,
hay sueños enterrados en Madrid,
que no pudieron resucitar
y un día dejaron de latir.

Hay veces que me doy cuenta
que ya no me quedan historias.
Parece imposible
no pisar más tu Templo,
donde analizabas mis quejas
entre tabacos de papel.
Hay veces que juego con la hipocrecía
para saber que todo esta bien.
Hay días que me creo mis mentiras
cuando la realidad está al revés.
Y rechacé aquella ternura
de un amor que nadie ve.
No quiero más azul y blanco
ni conversaciones de Internet.
Y entusiasmado me quedé
con el final de "Había una Vez",
con las promesas sin cumplir
de un sueño que no fue.
Hoy, a la distancia,
asumo la culpa de no creer en mí,
de vincularme con la soledad,
de alejarme para no sentir.
Hoy, a la distancia,
hay sueños enterrados en Madrid,
que no pudieron resucitar
y un día dejaron de latir.
Y es que a la distancia
todo parece más oscuro
y me hace dejar de existir.
Publicado por
Mauro Citrov
lunes, 2 de noviembre de 2009
en
14:20
Hoy que me veo recostado en tu cama,
hay un invierno que no se ha presentado,
hay una crisis pasada por alto
y una factura que debe una lágrima.
Hoy que me veo acostado en tu cama,
hay un desayuno para verte vestir,
da proteínas para salir con aires de importancia
porque sé que andarás pensando en mí.
Y encontrar al imbécil que he sido,
para calmarlo al empezar a desesperarle
cuando cree que los finales felices
no se dan nunca entre el lunes y el martes.
Volver al momento en que el mundo era plano
y que mis tres calaveras choquen tu continente.
Dejar en Venencia una góndola a tu nombre
para que navegues cuando quieras olvidarlo.

Ahora que estoy acostado en tu cama
hay profesías de finales felices.
Hay cuatro letras en el crucigrama
para describir el sentimiento que me persigue.
Ahora que estoy acostado en tu cama
hay un invierno que no se ha llevado las hojas.
Cuando la belleza que atrae, es la que enamora,
cuando tu recibo no recibe comisión.
Y destruir de un golpe al idiota que he sido
cuando por la incertidumbre se olvidaba de olvidarte,
y merodeaba por lugares vacíos
en donde lo dejabas entre el lunes y el martes.
Y hoy soy tu fin de semana cuando no tienes domingos,
y para planear mi huída no rompo mi cabeza.
Firmo tu contrato y te obligo a cumplirlo,
pues soy el mejor postor al remate de tus piernas.
Publicado por
Mauro Citrov
en
14:14
¿Dónde estuviste el día
que no llegaste a tiempo
al tren de mi felicidad?
¿Dónde fue que decidiste
dejar libre tu asiento
y dejarlo marchar?
¿Dónde fue que asumiste
que en lugar de darme sueños
deba componer canciones?
¿Dónde quedó el interés
por las historias mundanas
y nunca verificables?
¿Dónde se perdió el contrato
que nos hacía socios
de algo inolvidable?
¿Dónde nos convertimso en esclavos
de objetivos a corto plazo
que ahora son obligaciones?
Y lo sientes
cuando el daño es más irreversible
que el paso del tiempo.
Y lo sabes
cuando debes agregar otro item más
a tu Lista de Arrepentimientos.
Y regalas
una sonrisa forzada
para mantener el orgullo
que se ha destrozado.
Y lo entiendes
cuando el último cigarrillo
nos llevó a un cáncer
de estar los dos solos.

¿Dónde quedó el tabú
de aquello que no hablamos
sólo para no herirnos?
¿Dónde se fue mi inocencia
cuando confesaste
lo que no te he pedido?
¿Dónde estaba tu cabeza
cuando rompiste el pacto
y me sacaste de la fantasía?
¿Dónde se fue la seguridad
de creer en las promesas
por más infantiles que sonaban?
¿Dónde quedó el incentivo
por planes a futuro
sólo por no quedar a la deriva?
¿Dónde dejaste el amor
que un día lo tenías
y al siguiente se te había perdido?
Y queda
averiguar qué haremos
este próximo sábado.
Y resta saber
cuánto dolerán los buenos momentos
que eran costumbre.
Y esperar
a que un día el viento
nos choque de nuevo
para el café nocturno.
Y sepa perdonar que
de 100 canciones de amor
decidiste hacerle caso
a la número 101.
Publicado por
Mauro Citrov
en
14:10
Yo quería ser para ti dos nombres pintados en la ventana.
La valentía que venza el miedo a despertar cada mañana.
El sentimiento de asfixia por vagar en la incertidumbre.
La vuelta de tuerca al final de un libro que te deslumbre.
El acertijo para decifrar los mensajes subliminales.
El héroe del caballo blanco, el orgullo de tus padres.
Las horas muertas que valen la pena por lo esperado.
El guerrero que de tus guerras siempre te está salvando.
El silencio, el secreto, el misterio, las gracias a la vida.
El laberinto donde te conformes en no encontrar la salida.
La sonrisa que raramente nos muestran los espejos.
La angustia de sufrir por los versos de Amaia Montero.
El refugio contra la soledad y el control de alcoholemia.
El Sade con el que quieras jugar a las perversiones nuevas.
El McDreamy por el cual hasta agarrías una bomba.
Yo quería ser para ti, ese fulgor entre las sombras.
Yo quería ser luz para ti.

Yo quería ser para ti esa promesa franca,
que te devolviera la ilusión de creer en simples palabras.
El desafío de pensar que puedes sobrevivir sin encontrarme.
La inestabilidad constante de no saber si amar u odiarme.
El fruto rojo que te alimente semana tras semana.
El psiquiatra al que le quieras entregar parte de tu alma.
La desesperación por la demora de recibir mis mensajes.
Los hombros que ayuden a cargar parte de tu equipaje.
Yo quería ser para ti el obelisco intacto
que te hiciera conocer a Dios antes de abrazar al Diablo.
El "hola, ¿cómo estás?" que te hiciera sentir parte del mundo.
El llanto que dice "préstame atención, yo no te pido mucho."
La rutina que causa placer, el "Contigo" de Sabina.
La felicidad que se regala empapelada en caricias.
La contra a los amigos cuando te digan que no soy bueno.
Yo quería ser para ti tu Biblia y tu Universo.
Y a cambio de eso soy para ti
una moneda común y falsa que se apega al imán.
El olvido de los buenos momentos y las ganas de no luchar.
Una página en Internet que cuenta tus anécdotas.
El campo contra tu gobierno, la discografía de Pimpinela.
Yo quería ser amor para ti, y hoy sólo soy un poema.
Publicado por
Mauro Citrov
en
14:08
Mira que
hay un sueño de la noche en tu jardín
que vomita porque no fue realidad
y me persigue cada madrugada.
Es que hay
una resaca para dejarte morir
y unas piedras que llevan tu nombre.
Mira que
hay una noche que no me quisiste dar,
luego dejaste que me tape el Sol
y lanzaste mi dignidad a una celda.
"Algo mejor",
sé que andas buscando algo mejor
pero no es mi culpa que tus ojos no me vieran.
¿Qué puedo hacer?
Es el precio de quererte, de no perderte la fe.
De salir de una fiesta, tirar las cadenas del ser o no ser.
Navegando en lo incierto, por mi juicio al contrato
que no has renovado porque te vas con él.
¿Qué puedo hacer?
Si estoy equivocado por querer obtener
con un poco de agua, todo un maremoto sobre el carrusel
donde se nos va la vida, dando vueltas en círculos
sobre lo negativo que un día un "sí" fue.

Mira que
hay un libro que todavía no leí.
Tal vez me cuente lo que falta por vivir,
tal vez sea un final anunciado.
Porque hoy
ni mi negación te puede salvar.
No puedo excusar este destiempo.
Mira que
reconozco lo patético que fui
al dejar que tuvieras sobre mí
un poder que no has valorado.
Pero sé
que tal vez no lo quisiste así,
aunque ya no me refugio en el silencio.
¿Qué puedo hacer?
Es el precio de quererte, de componer para ti
la canción de la derrota, la última cosa que voy a escribir
lamentando el tiempo que perdí siguiendo el sueño
que tú no soñabas que era para mí.
¿Qué puedo hacer?
Si estoy equivocado por querer obtener
con un poco de brisa, todo un tornado que te haga volver.
Y veo que no estoy ganando ese juicio al contrato
que no has renovado porque te vas con él.
Está bien, fui un plazo, un "es lo que hay".
Sabiendo las reglas, quise seguir jugando.
¿Qué puede hacer?
Por el precio de quererte hoy no sé cómo pagar.
Bebiendo el veneno con un signo menos frente a mi capital.
Y esta noche amerita, por la brujería
de tu carta maldita que siempre tiene el As.
¿Qué puedo hacer?
Si me propuse olvidarme que estoy a tus pies.
Si ya he renunciado como unas cien veces en lo que va del mes.
Y me estoy frustrando por el juicio al contrato
que nos has renovado porque te vas con él.
Publicado por
Mauro Citrov
en
14:03
Sin tu veneno enlazado a la punta de tu lengua.
Sin tu malhumor presente siempre al despertar.
Sin vagar por tus calles, sin convertirme en leyenda,
te regalo una sonrisa y me empiezo a despegar
del ejército de tu risa, del sin fin de tus historias,
de tu ropa arrugada que dejabas en el sillón,
de los comentarios al aire convertidos en prosa,
de tus vuelos nocturnos hasta mi habitación.
Sin tu mala caligrafía, sin el lunar de tu espalda.
Sin ofertas de lunes para convertirlos en viernes.
Sin certeza de encuentros, sin predicciones de distancia,
yo me bajo en la estación que aún sabe qué siente.
El ángel en pañales aún juega con las flechas
de la diferencia entre mi palabra y mi intención,
de tu pasaporte falso a mi dicha eterna,
de los días de licencia que mi paciencia tomó.
Hay un último tren a Londres que sale desde el Inferno.
Unas frases suicidas que buscan atención.
Una esperanza de agua en mitad del desierto.
Un portazo indirecto que nos anticipó
la destrucción del puente que nos conducía al cielo
y la noche del día que el olvido nos buscó.

Sin pactos con el Diablo, sin inspiración con la Luna.
Sin cortes en los planos del final de la escena.
Sin el hazmerreír que provoca la culpa.
Sin temerle al duelo, sin votar por la secuela.
Sin jugar con la infancia, sin apelar a mis verbos.
Sin la letra del tango que habla de nuestra borrachera.
Sin mucho de nada, con tantas ganas de todo,
yo sonrío mientras planeo el destino otras metas.
Que no perturba tu calma, que no abren tus ojos,
que te presionan a proyectar una mueca sutil.
Que involucran un "yo" en lugar de un "nosotros".
Que te despiden con inocencia cuando te ven partir.
Y no reprochan al suspiro lo que nunca se ha dicho,
que ya no fingen madurez cuando otro equipo mete un gol.
Que se cansó del cansacio, que ya no saborea el hastío
y no entona al dueto que te dice que no.
Hay una pequeña salida que sale desde el Inferno.
Unas frases mal escritas que buscan atención.
Una esperanza de alcoba en mitad del desierto.
Un portazo indirecto que nos anticipó
la destrucción del puente que nos conducía al silencio
y la noche del día que el olvido nos buscó.
Publicado por
Mauro Citrov
en
14:01
Tal vez conviene huir ahora con vida
antes de dejarla apostada en una partida
que no garantiza nada, pero que la auspicia
una historia suicida de sueños que se descosen
de mis fantasías
de aceptar una realidad que antes no tenía.
Tal vez conviene huir antes que importe
cuál fue tu pasado, quién te ha llamado,
qué dolor te afecta, de quién te vas enamorando,
a dónde fuiste el día que no me has buscado
y qué quisiste decir
cuando sabías que tenías el control.
Conviene seguir buscándome a mí mismo
que seguir intentando encontrarte a ti.
Conviene una cerveza con mi egoísmo
que las borracheras para olvidar.
Conviene un ejército de "qué habrá sido"
antes que una bomba de "lo que no fue".
Conviene ser un árbol caído
que un brillante bosque para exterminar.

Tal vez conviene huir antes que valore
el escuchar tu risa, el chocar tu mano,
la incertidumbre de no saber qué está pasando,
el no poder dormir, el vivir fumando
intentando planear
cuál será mi próximo movimiento.
Tal vez conviene huir antes que la noche
le ponga un fin a lo que estaba terminado,
le diga a la suerte que se ha malgastado,
y me encuentro solo escuchando las canciones
con las que hace años
me vienen contando cómo soy.
Conviene refugiarme en el frío
que jugar con la llama que puede quemar.
Conviene que el muro se quede vacío
antes que con fotos para recordar.
Conviene una pastilla para el sueño
antes que la pesadilla del miedo a despertar.
Conviene no malgastar sentimientos
en idealizaciones que no serán realidad.
Conviene escaparme ahora que puedo
antes que más cadenas me aten a tu voz.
Conviene evitarme el te quiero,
o hacerte el centro de otra canción.
Publicado por
Mauro Citrov
en
13:52
A veces pasa cuando me autoanalizo
que no encuentro la raíz del problema.
Y puede resultarte aburrido
que ponga mi angustia de bandera.
A veces pasa cuando me autoanalizo
que tiendo a refugiarme en la misantropía.
Que dejo que se vaya mi razonamiento
de paseo junto con mi autoestima.
Porque al encontrarme en el abismo se tiñe de negro mi inventario,
de la trama de la serie guardada en un DVD rayado,
de los amigos que por su pareja abandonan sus amigos,
de los personajes en mis historias que te cuentan lo que paso,
de la esperanza que se muere porque sobran los motivos,
del tedioso esfuerzo por aceptar lo que no me gusta,
de las noches que la culpa fue mi única testigo
por retrasar lo inevitable sólo porque no se ajusta
al sueño que te llevaba a ser feliz conmigo
y me quedan de reserva tantas frases hechas
que nunca me vas a oir decir.
Porque cuando me autoanalizo me interroga mi inventario,
por fugarme hacia el silencio para dejar de despedirme,
por no saber qué decirte cuando preguntas qué me pasa,
por jugar con la botella a poder atrapar un rayo,
por haberme permitido llegar hasta esta instancia,
por esa niña que no duda en abrazar al Diablo,
por quedarme sin planes para este fin de semana,
por esperar al Jueves para perdonarme a mí mismo,
por sentir el hastio de proyectos no terminados
y por dejar en las reserva todas las frases elaboradas
de lo que nunca me vas a oir decir.

A veces pasa cuando me autoanalizo
que quiero destruir lo cosechado.
Que busco mi lugar fuera de tu olvido,
que me obsesiono por lo que no he superado.
A veces pasa cuando me autoanalizo
que entre la multitud soy un solitario.
Aparecen las frases con punto y seguido
que hacen énfasis en seguir respirando.
Porque al encontrarme en el abismo se tiñe de negro mi inventario,
de las ganas de volver a ser el chico del pasado,
de mi tendencia suicida por chocar contra tu muralla,
de querer cambiar todo pero que todo siga intacto,
de mi bohemia perdida por los jefes de la mañana,
de este miedo de perderte cuando te des cuenta que no basto,
de la sonrisa amable más falsa que mi cordura,
de mi creencia absurda de sentirme bajo tu cuidado,
de mis miles de calenturas cuando me roza tu cintura,
y me quedan de reserva tantas frases hechas
que nunca me vas a oir decir.
Porque cuando me autoanalizo me interroga mi inventario,
por no saber dónde ir pero no quedarme en ningún lado,
por encontrar la Cenicienta justo después que dan las doce,
por volverme obsesivo con lo que ya estaba obsesionado,
por querer ser de oro cuando ni siquiera fui de bronce,
por buscarte para no hablarte en mi lista de contactos,
porque suele ser negativo decirle que "sí" a la vida,
por querer volver a mi cama pero encontrarla vacía,
por escuchar la canción que de nosotros hablaba
y por dejar en las reserva todas las frases elaboradas
de lo que nunca me vas a oir decir.
Publicado por
Mauro Citrov
en
13:51