A veces pasa cuando me autoanalizo
que no encuentro la raíz del problema.
Y puede resultarte aburrido
que ponga mi angustia de bandera.
A veces pasa cuando me autoanalizo
que tiendo a refugiarme en la misantropía.
Que dejo que se vaya mi razonamiento
de paseo junto con mi autoestima.
Porque al encontrarme en el abismo se tiñe de negro mi inventario,
de la trama de la serie guardada en un DVD rayado,
de los amigos que por su pareja abandonan sus amigos,
de los personajes en mis historias que te cuentan lo que paso,
de la esperanza que se muere porque sobran los motivos,
del tedioso esfuerzo por aceptar lo que no me gusta,
de las noches que la culpa fue mi única testigo
por retrasar lo inevitable sólo porque no se ajusta
al sueño que te llevaba a ser feliz conmigo
y me quedan de reserva tantas frases hechas
que nunca me vas a oir decir.
Porque cuando me autoanalizo me interroga mi inventario,
por fugarme hacia el silencio para dejar de despedirme,
por no saber qué decirte cuando preguntas qué me pasa,
por jugar con la botella a poder atrapar un rayo,
por haberme permitido llegar hasta esta instancia,
por esa niña que no duda en abrazar al Diablo,
por quedarme sin planes para este fin de semana,
por esperar al Jueves para perdonarme a mí mismo,
por sentir el hastio de proyectos no terminados
y por dejar en las reserva todas las frases elaboradas
de lo que nunca me vas a oir decir.

A veces pasa cuando me autoanalizo
que quiero destruir lo cosechado.
Que busco mi lugar fuera de tu olvido,
que me obsesiono por lo que no he superado.
A veces pasa cuando me autoanalizo
que entre la multitud soy un solitario.
Aparecen las frases con punto y seguido
que hacen énfasis en seguir respirando.
Porque al encontrarme en el abismo se tiñe de negro mi inventario,
de las ganas de volver a ser el chico del pasado,
de mi tendencia suicida por chocar contra tu muralla,
de querer cambiar todo pero que todo siga intacto,
de mi bohemia perdida por los jefes de la mañana,
de este miedo de perderte cuando te des cuenta que no basto,
de la sonrisa amable más falsa que mi cordura,
de mi creencia absurda de sentirme bajo tu cuidado,
de mis miles de calenturas cuando me roza tu cintura,
y me quedan de reserva tantas frases hechas
que nunca me vas a oir decir.
Porque cuando me autoanalizo me interroga mi inventario,
por no saber dónde ir pero no quedarme en ningún lado,
por encontrar la Cenicienta justo después que dan las doce,
por volverme obsesivo con lo que ya estaba obsesionado,
por querer ser de oro cuando ni siquiera fui de bronce,
por buscarte para no hablarte en mi lista de contactos,
porque suele ser negativo decirle que "sí" a la vida,
por querer volver a mi cama pero encontrarla vacía,
por escuchar la canción que de nosotros hablaba
y por dejar en las reserva todas las frases elaboradas
de lo que nunca me vas a oir decir.
que no encuentro la raíz del problema.
Y puede resultarte aburrido
que ponga mi angustia de bandera.
A veces pasa cuando me autoanalizo
que tiendo a refugiarme en la misantropía.
Que dejo que se vaya mi razonamiento
de paseo junto con mi autoestima.
Porque al encontrarme en el abismo se tiñe de negro mi inventario,
de la trama de la serie guardada en un DVD rayado,
de los amigos que por su pareja abandonan sus amigos,
de los personajes en mis historias que te cuentan lo que paso,
de la esperanza que se muere porque sobran los motivos,
del tedioso esfuerzo por aceptar lo que no me gusta,
de las noches que la culpa fue mi única testigo
por retrasar lo inevitable sólo porque no se ajusta
al sueño que te llevaba a ser feliz conmigo
y me quedan de reserva tantas frases hechas
que nunca me vas a oir decir.
Porque cuando me autoanalizo me interroga mi inventario,
por fugarme hacia el silencio para dejar de despedirme,
por no saber qué decirte cuando preguntas qué me pasa,
por jugar con la botella a poder atrapar un rayo,
por haberme permitido llegar hasta esta instancia,
por esa niña que no duda en abrazar al Diablo,
por quedarme sin planes para este fin de semana,
por esperar al Jueves para perdonarme a mí mismo,
por sentir el hastio de proyectos no terminados
y por dejar en las reserva todas las frases elaboradas
de lo que nunca me vas a oir decir.

A veces pasa cuando me autoanalizo
que quiero destruir lo cosechado.
Que busco mi lugar fuera de tu olvido,
que me obsesiono por lo que no he superado.
A veces pasa cuando me autoanalizo
que entre la multitud soy un solitario.
Aparecen las frases con punto y seguido
que hacen énfasis en seguir respirando.
Porque al encontrarme en el abismo se tiñe de negro mi inventario,
de las ganas de volver a ser el chico del pasado,
de mi tendencia suicida por chocar contra tu muralla,
de querer cambiar todo pero que todo siga intacto,
de mi bohemia perdida por los jefes de la mañana,
de este miedo de perderte cuando te des cuenta que no basto,
de la sonrisa amable más falsa que mi cordura,
de mi creencia absurda de sentirme bajo tu cuidado,
de mis miles de calenturas cuando me roza tu cintura,
y me quedan de reserva tantas frases hechas
que nunca me vas a oir decir.
Porque cuando me autoanalizo me interroga mi inventario,
por no saber dónde ir pero no quedarme en ningún lado,
por encontrar la Cenicienta justo después que dan las doce,
por volverme obsesivo con lo que ya estaba obsesionado,
por querer ser de oro cuando ni siquiera fui de bronce,
por buscarte para no hablarte en mi lista de contactos,
porque suele ser negativo decirle que "sí" a la vida,
por querer volver a mi cama pero encontrarla vacía,
por escuchar la canción que de nosotros hablaba
y por dejar en las reserva todas las frases elaboradas
de lo que nunca me vas a oir decir.
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