3. Portazo Indirecto


Sin tu veneno enlazado a la punta de tu lengua.
Sin tu malhumor presente siempre al despertar.
Sin vagar por tus calles, sin convertirme en leyenda,
te regalo una sonrisa y me empiezo a despegar
del ejército de tu risa, del sin fin de tus historias,
de tu ropa arrugada que dejabas en el sillón,
de los comentarios al aire convertidos en prosa,
de tus vuelos nocturnos hasta mi habitación.

Sin tu mala caligrafía, sin el lunar de tu espalda.
Sin ofertas de lunes para convertirlos en viernes.
Sin certeza de encuentros, sin predicciones de distancia,
yo me bajo en la estación que aún sabe qué siente.
El ángel en pañales aún juega con las flechas
de la diferencia entre mi palabra y mi intención,
de tu pasaporte falso a mi dicha eterna,
de los días de licencia que mi paciencia tomó.

Hay un último tren a Londres que sale desde el Inferno.
Unas frases suicidas que buscan atención.
Una esperanza de agua en mitad del desierto.
Un portazo indirecto que nos anticipó
la destrucción del puente que nos conducía al cielo
y la noche del día que el olvido nos buscó.

Sin pactos con el Diablo, sin inspiración con la Luna.
Sin cortes en los planos del final de la escena.
Sin el hazmerreír que provoca la culpa.
Sin temerle al duelo, sin votar por la secuela.
Sin jugar con la infancia, sin apelar a mis verbos.
Sin la letra del tango que habla de nuestra borrachera.
Sin mucho de nada, con tantas ganas de todo,
yo sonrío mientras planeo el destino otras metas.

Que no perturba tu calma, que no abren tus ojos,
que te presionan a proyectar una mueca sutil.
Que involucran un "yo" en lugar de un "nosotros".
Que te despiden con inocencia cuando te ven partir.
Y no reprochan al suspiro lo que nunca se ha dicho,
que ya no fingen madurez cuando otro equipo mete un gol.
Que se cansó del cansacio, que ya no saborea el hastío
y no entona al dueto que te dice que no.

Hay una pequeña salida que sale desde el Inferno.
Unas frases mal escritas que buscan atención.
Una esperanza de alcoba en mitad del desierto.
Un portazo indirecto que nos anticipó
la destrucción del puente que nos conducía al silencio
y la noche del día que el olvido nos buscó.

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